CENTENARIO DE MARQUETTI
Por las calles de su pueblo

Por Luis César Núñez

El 24 de agosto de 1901 nació en Alquízar Luis Marquetti Marquetti. Fue este al parecer un día escogido para que vieran la luz grandes de la música cubana, pues en esa misma fecha nacieron Moisés Simmons y Benny Moré, por lo que se ha propuesto como Día del Autor Cubano. Pero no es este el sentido de nuestro trabajo, sino el de referirnos al hijo de Joaquina y Luis, ella sencilla ama de casa, él capitán mambí.

Fue Luis el primero de muchos hermanos. Algunos aún viven en Alquízar y muchas cosas recuerdan de Ito, como cariñosamente apodaron al que se empinó para conquistar el cielo con sus boleros, así sencillamente y sin proponérselo.

Fue la suya una niñez normal para su época. Los recursos económicos del padre no eran tan amplios como el número de hijos y por eso, en sus vacaciones escolares, fueron diversas las actividades económicas que realizó, ora recogiendo las cañas caídas desde el conductor del central Fortuna, ayudando en escogidas de tabaco, haciendo muchas cosas para tener un nuevo pantalón o camisa para estrenar la tarde del domingo.

Recordaba con mucho cariño a sus dos maestros de instrucción primaria, Rafael Mohedano y José Corós Barreras. Fue este último el que, cuando vio el interés del ex alumno por ampliar conocimientos, encauzó sus pasos hacia el futuro y decisivamente influyó en que Luis dejara de pensar en ser médico o abogado y definitivamente se hiciera maestro en toda la extensión de la palabra.

Entre 1918 y 1922 estudió en la Escuela Normal para Maestros de La Habana. Allí (ha relatado su hermano Israel) aprendió de Gaspar Agüero rudimentos que, años después, le permitirían dar los primeros pasos en la creación musical.

Ya como maestro se multiplicaron sus labores vinculadas al arte. Escribió poemas, también dos novelas que nunca vieron la luz. Demostró sus excepcionales condiciones humanas y su gran vocación magisterial, cuando en 1933 no abandonó el aula a pesar de no recibir remuneración alguna durante seis meses.

En la escuela conoce a una joven que desde La Habana fue a Alquízar buscando empleo y mucho más encontró. El 23 de julio de 1935 formalizaron una bella unión Aida y Luis, de esas tan hermosas que ni siquiera la muerte puede romper.

En 1941, un poema dedicado a las madres es transformado en canción y así, A ti Madrecita Mía se convierte en la primera de las 76 composiciones que hoy integran su catálogo autoral. El hogar alentó la carrera emprendida. También amigos contribuyeron a que nuevas obras cobraran forma. Es imposible obviar en este recuento los nombres de músicos como El Chino Balmaseda y de otros como Armando González, Leopoldo Bueno y Dámaso Rosales.

Ayudaron a que intérpretes que asistían a las instituciones recreativas alquizareñas conocieran las piezas que antes habían cantado Orlaida Vidal, Gilberto Randall, Raúl Delgado y otros aficionados alquizareños.

El año 1945 fue el del gran salto. En él nació Deuda y ahí se insertó el nombre del autor en la historia musical cubana. El conjunto Ideal, de Joseíto Valdés, lo estrenó en la Sociedad San Agustín, de Alquízar, cantándolo Orlando Vallejo después acompañado por su hermano Gustavo (Chavo), lo llevó a Radio Cadena Suaritos, donde quedó en el repertorio de Pedro Vargas. La historia musical de Luis Marquetti debe dividirse en dos grandes etapas: antes y después de Deuda.

Muchos títulos siguieron apareciendo y divulgándose de un confín a otro del universo. Los más conocidos son Amor qué malo eres, Plazos traicioneros, Allí donde tú sabes, Me robaste la vida. Lamentablemente, piezas de gran lirismo y valor melódico como Amor en Navidad, Fue realidad, Debemos decidir y otras, son poco divulgadas hoy.

La obra de Marquetti fue llevada al cine, se incorporó a piezas de teatro y ballet. Hay algo que ahora merece ser destacado y es la sencillez de este hombre que podía vanagloriarse de que el Tenor de las Américas calificara de homenaje a medias el que se le brindase por autores cubanos, al ver que allí faltaba el sencillo maestro alquizareño.

Mucho pudiera escribirse sobre este gran amigo. Ya es una realidad tangible el libro Gigante del Bolero, anhelo que ve la luz en el año del centenario de su natalicio. Ahí podrán apreciarse más ampliamente los valores de ese hombre, cuyo recuerdo aún anda por las calles de ese pueblo donde reposa desde el 30 de julio de 1991.

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